La Odisea del Diablo: Un viaje místico para obtener Derecho a la Salud.


Saludos queridas almas: Como todo demonio, soy propenso a enfermedades, todos los somos. Hace unos meses tuve que hacer uso de nuestro sistema de seguro social y créanme que tuve que pasar toda una Odisea para poder acceder a eso que se llama Derecho a la Salud.

Nos ubicamos temporalmente en algún día de marzo de 2007, cuando la CCSS era y sigue siendo una entidad que necesita de grandes cambios, he aquí la historia de este demonio:

Todo empezó hace más de quince días, cuando extrañamente un objeto se alojó en mi ojo izquierdo, se sentía como una basura o un poco de arena que no me permitía visualizar los objetos adecuadamente. Siempre traté de evitar la consulta en la CCSS, porque sabía el destino que me esperaba: Una tortuosa espera con el fin de tratar de obtener atención. Por esta situación, simplemente se me ocurrió pasar por una farmacia y arriesgarme a preguntarle al regente, por algún medicamento para dicho mal y me recomendó uno que valía cinco mil colones, lo compré y me lo apliqué fielmente, según la dosis que se me indicó. Pero el objeto extraño no salía, al contrario, pasaban los días y este íbase encarnando más en el iris.

La situación económica estaba mala, así que entendí que debía seguir mi destino: Sacar una cita en un EBAIS de la CCSS. He aquí la crónica del día:

04:30 AM
Las sábanas de la cama estaban cálidas, soñaba que volaba, el despertador me sacó abruptamente de mis divagaciones extrasensoriales. Me levanté resignado, hice lo que tenía que hacer para salir presentable a la sociedad.

05:00 AM
Todos estaban en las afueras del EBAIS, llegué a hacer fila para conseguir una cita, me encontré con veinte personas adelante; también estaba un sapo muerto en la entrada con moscas revoloteando a su alrededor, nadie hacía nada, la monotonía del lugar era deprimente. Como a los 45 minutos llegó la conserje del local, la cual ni siquiera se inmutó por el pestilente olor que despedía el animal en descomposición.

6:30 AM
Al fin llegó la muchacha que daba las citas, por fin los asegurados pensamos que serían rápidamente otorgadas. La joven llegó a leer el periódico en su cubículo, aferrada a su hora de entrada. Ya la fila rondaba las sesenta personas, después de haber llegado un bus de uno de los barrios adscritos a ese centro de salud.

7:00 AM
Muy puntual, la muchacha de las citas empezó a otorgarlas, topé con una inmensa suerte, se armaron dos filas: una para odontología y la otra para medicina general, así que en la fila de medicina general quedé en sexto lugar. Conseguí cita para las 7:30 AM, lo cual me llenó hartamente de felicidad, pensé por un momento que estaba equivocado en mi concepción de la seguridad social. Mientras esperaba la hora de la cita, salí a una soda a tomar un café, que a pesar de valer cuatrocientos colones, parecía agua de calzón. Regresé a las 7:30 muy puntual a esperar a que me llamaran.

7:30 AM
Estuve en las bancas afuera del consultorio, leyendo el periódico, pasados quince minutos pensé que el asunto simplemente era un atraso, pero ni modo. Ya a las 8:00 AM pude observar como algunos asegurados que habían hecho fila desde las 6:00 AM y les dijeron que volvieran al día siguiente, porque no habían citas. La secretaria colocó un rótulo en la ventanilla con el mensaje, para evitar la fatiga de estarle diciendo a la gente y de paso evitando las protestas. Muchos pobres resignados que venían de muy lejos, vieron como sus esperanzas de ser atendidos se fueron al carajo.

8:00 AM
Seguía esperando a ser atendido por la doctora, ya a las 8:15 AM, me llamó la enfermera para hacerme preguntas básicas. La señora era de mal trato, para tomarme la presión con su arcaico aparato hizo mil malabares, regañándome por no saber donde debía poner el brazo. Simplemente, nunca lo había visto y por su herrumbe, diría que data de la época de los dinosaurios. Al final me dijo, que la doctora me llamaría pronto.

9:30 AM
Empecé a maldecir a la doctora en mis adentros porque aún no había llegado; llevaba dos horas esperando la cita, fui a preguntarle a la muchacha que atendía la hora de entrada de dicha doctora y me dijo que era las 7:30 AM y que era común la doctora se atrasara. Justo en ese momento, vi pasar a una mujer joven, muy atractiva, con gabacha blanca y me dijeron que esa era la doctora. Se me olvidaron las maldiciones al ver semejante mujerón.

10:00 AM
¡Al fin había llegado mi turno!, la doctora llamó mi nombre y entré felizmente al consultorio, me atendió mientras calificaba unos exámenes académicos, viendo de reojo, estas pruebas tenían el logo de una universidad privada y parecían ser de un curso de enfermería. Entre lapicerazo y lapicerazo, le mujer me preguntó la causa de mi consulta y me dijo que en el EBAIS no tenían equipo para esos casos, por lo que me dió una referencia con el oftalmólogo del hospital que quedaba como a veinte kilómetros de mi casa. Al salir del consultorio, se me olvidó lo rica que estaba la doctora y empecé a maldecir nuevamente la falta de equipamento en los EBAIS y como si fuera poco, la doctora estaba calificando exámenes.

11:00 AM
Llegué al servicio de Oftalmología en el hospital. La fila era enorme, parecía que toda la población estaba con problemas en los ojos. Personas con parches por todos lados, parecía una convención de piratas y muchos quejándose. Inicié nuevamente la aventura de hacer una fila.

12:00 MD
Llegué a la ventanilla después de una hora de ansiosa espera. La mujer que atendía era horrible, parecía un travesti y tenía una voz muy grave, dije buenos días y ni siquiera respondió el saludo, solo extendió la mano pidiendo la hoja que llevaba, al dársela, ni siquiera la vio y me dijo que no habían citas, que podían verme dentro de seis meses. ¡Dios! pensé, y se me ocurrió exagerar mi padecimiento diciéndole: "Pero señora, tengo un objeto extraño en el ojo y ya casi no tengo visión, creo que estoy a punto de quedar tuerto"...¡¡¡Santo Remedio!!! la horrible mujer agarró la hoja, la puso en un grupo de expedientes y me dijo: "Siéntese, ya lo llaman".

Ya sabía muy bien qué quería decir ese "...ya lo llaman...", así que se me ocurrió ir al servicio sanitario a descargar mi vejiga de líquidos; cuando entré al sanitario para hombres, el ambiente era deprimente: Cestos de basura dentro de los sanitarios hasta el tope de papeles llenos de mierda, todos los servicios con agua amarillenta de orines, manchados hasta la saciedad, ni un pedazo de papel higiénico por ningún lado (gracias a Dios no lo necesitaría), las paredes sucias, manchadas y dentro de los baños un sinnúmero de grafittis con todo tipo de mensajes: Desde gente mandando a la mierda a los nicas, hasta números de teléfono de maes diciendo que succionaban cosas gratuitamente. Ahora entiendo porque el mae que estaba antes de mi en la fila, me pidio un lapicero, fué al baño, salió con un número en la mano y me dijo gracias. Oriné ahi y me largué.

Las pilas estaban asquerosas y no había jabón disponible, decidí ir a una sodita que estaba cerca del hospital, se veía muy aseada y lo primero que hice fué lavarme las manos. Almorcé rápidamente pensando en la posibilidad de que iba a ser llamado en el servicio de oftalmología y que podía perder el turno, qué equivocado estaba.

1:00 PM
Le pregunté a una de las enfermeras si ya habían llamado mi nombre, me dijo que no. Tranquilamente me senté en la banca a leer La Teja, ya había releído la Extra, La Nación y Al Día.

1:30 PM
Llamaron mi nombre al fin y entré al consultorio, la oftalmóloga fué la heroína del día, con su acento cubano me preguntó qué tenía, le expliqué, la señora fué muy amable, sentí que al fin había encontrado un funcionario competente y con humanismo en el Hospital y de procedencia de una de las mejores escuelas de medicina: Cuba.

Me hicieron un examen rápido de visión y luego coloqué mi cabeza en un aparato, vi una luz brillante y unas pinzas, luego un ardor leve y el cuerpo extraño que se alojaba en mi ojo había sido retirado. Salí del consultorio como un pirata más, a volver a hacer fila en la ventanilla de atención para que pusieran mi nombre en la receta. En total duré poco más de 15 minutos dentro del consultorio, la atención fué excelente.

2:00 PM
Me encontraba haciendo fila nuevamente, era el cuarto, cuando al fin llegué a la ventanilla, el personaje del cual desconocía su sexo, se levantó y se fué sin ninguna explicación. Volvió en 45 minutos, llenó mis papeles y sin intercambiar una sola palabra, me fui directamente a la farmacia a dejar mi receta.

3:00 PM
Una fila más para entregar recetas, ya había perdido la cuenta de la cantidad de filas que había hecho ese día, a la media hora pude llegar a la ventanilla, entregué mi receta y me indicaron que esperara un tiempo prudencial.

5:00 PM
Al fin llamaron mi nombre, después de dos horas de "prudencial" espera, me entregaron mis medicamentos. Durante ese lapso que esperé, pude ver muchas cosas, lo que más me llamó la atención fué que no había fila especial: mujeres embarazadas, viejitos, personas con niños, tenían que pasar por la nefasta espera.

Me preguntaba si tenían un laboratorio químico dentro de la farmacia para elaborar los medicamentos, pues la espera para obtenerlos, fué muy larga. Pero yo, al fin había obtenido mis gotas para los ojos y una terramicina.

Gracias a Dios terminó esta aventura de doce horas para lograr que me sacaran una pinche basura del ojo. Llegué a la conclusión que los especialistas de la CCSS son excelentes, pero que para llegar a ellos, hay que pasar por un montón de peripecias, la salud se ha burocratizado horriblemente. El Monstruo Eduardo Doryan dice que la CCSS está muy bien, mientras miles de asegurados esperan de seis meses a dos años para obtener una cita con un especialista y muchos mueren en esta interminable espera.