Otro Sátiro más a la lista de Condenados

Saludos queridas almas: El día de hoy, siguiendo con nuestra política infernal de exhibir sin censura a pedófilos, abusadores sexuales y otras calañas que han sido profesores y han degradado su misión como formadores de estudiantes, les presentamos a Iván Berrocal Zúñiga, cédula 1-536-564, quien fue condenado el año pasado a 12 años de prisión por abuso sexual contra menores de edad. Es menester que todos conozcamos el tarro de estos sujetos con el fin de que si salen de prisión antes de tiempo (que en Costa Rica eso no es nada raro) por lo menos tengamos la posibilidad de reconocerlo si se acerca a vivir en nuestro barrio. En cuanto a lo que hizo este degenerado, he aquí algunos extractos de la sentencia que pueden leer completa AQUÍ:

Debe observarse, que según el fallo, la agresión se produce: “en el aula mientras impartía la lección: aprovecha que la niña se aproxima a su escritorio para halarla del brazo, trasladarla detrás del mencionado mueble, sitio en el cual había una biblioteca, a la cual le abrió las puertas con la única finalidad de ocultarse de alguna persona que pudiera pasar por el corredor, para así tocar los glúteos y las piernas de la niña” (folio 444).
“De igual forma, la declaración rendida por la también ofendida K .. A . A, le merece plena credibilidad a los suscritos juzgadores. Esta relata como se indicó supra, algunos aspectos relevantes acerca de lo acontecido con su compañera K ., y además su propia vivencia. Así indicó que se desempeñaba como presidente del periódico escolar, a raíz de ello, su maestro que estaba impartiendo lecciones, le pidió que lo acompañara hasta un aula, en ese momento desocupada, donde había una máquina de escribir y una vez en el sitio, procedió a escribir unas líneas, las que se las dio a leer. Mientras la niña se encontraba realizando esa acción, el justiciable se le acercó por detrás y la rodeó con sus manos, mientras acercaba su cuerpo contra el de ella y realizaba movimientos, que hoy la menor califica como propios de una masturbación, aclarando incluso que en el momento en que se dieron, ella no sabía lo que significaban. Este último elemento, es trascendental, pues de él desprende el Tribunal la objetividad de la menor, quien para el momento de los hechos era una niña de doce años, y al presentarse a declarar años después, ya una señorita, de forma espontánea y sincera, manifiesta lo acontecido y la percepción que tuvo en el momento en que acaeció” (folio 435).

En este Infierno repudiamos este tipo tipo de acciones, que se aprovechan de niñas inocentes para saciar sus apetitos sexuales y sus manías pedofilescas. Más reprochable es aún que la niña fuera abusada por su propio maestro, por lo cual este condenado a las llamas el día de hoy, se pasea en la reputación y en la confianza que se deben tener sobre los educadores.