¡Que le corten la cabeza a los jerarcas de tránsito!

Saludos queridas almas: Lo sucedido con el robo de 215 armas de la bodega de la policía de tránsito es algo increíble, lo más indignante es que la Dirección de Tránsito permitiera que se almacenara este arsenal en una bodega a medio terminar y con solo con dos güachis de una empresa privada que ni siquiera sabía lo que estaban custodiando.

Esta metida de escarpines del director de tránsito César "Jaimito" Quirós y el jefe administrativo financiero Gerardo Aymerich le costó al Estado unos 83 millones de colones, sin contar el incremento en la inseguridad ciudadana, porque gracias a la incompetencia de estos jerarcas 215 armas están en manos de los cacos; y aunque las autoridades niegan que se hayan robado uniformes u otros implementos, este pobre diablo duda mucho de esa versión.  

En en el 2010, Aymerich estuvo enviando oficiales rasos a Inspección Policial por la pérdida de conos, barreras o vallas de seguridad, en el desempeño de sus labores, argumentando que un cono vale 12 000 colones y que esto ocasionaba pérdidas para el Estado. Este pobre diablo exige a las autoridades de Casa Presidencial (porque el Ministro del MOPT es aliado incondicional de Jaimito que lo mantiene en el puesto a pesar de no tener requisitos) que se sancione el accionar de los jerarcas de tránsito por la pérdida de este armamento, porque no es posible que permitieran que se almacenara en esas risibles condiciones.

Jaimito dijo que guardaba las armas junto con papeles, aceites, llantas y otros activos de oficina, como si las armas fueran papeles de poco valor, esto solo cabe en la cabeza inexperta de este incompetente. Jaimito debió hacerle caso al viceministro Gamboa de Seguridad Pública, el cual le giró una serie de recomendaciones en donde le indicó como se manejan las armas, y no como si fueran los tiliches de los nietos. 

Que no evadan su responsabilidad los ineptos jerarcas de tránsito, en este momento le están echando la culpa a la empresa de seguridad, luego se la echarán al bodeguero y luego al armero, como si estos fueran quienes tomaran las decisiones sobre las condiciones del lugar donde se guardan las armas. No estamos hablando de unos pinches conos, sino de algo mucho más grave.

¡Que se vayan al infierno los jerarcas de tránsito! 
¡Que les corten la cabeza!