El problema con los cuidacarros

Saludos queridas almas: Hasta un tucán cobran algunos cuidacarros por sus extorsivos e ilegales servicios en la Avenida Segunda o en eventos masivos, en otros lugares las tarifas no son tan altas, pero si no paga, aténgase a las consecuencias.

La mayoría de cuidacarros son una especie de plaga que ya inunda casi todas las calles nacionales, se "autoconcesionan" la explotación del espacio público y algunos lo alquilan a otros cuidacarros hasta en 500 mil colones mensuales. En el pasado, el diputado Carlos Avendaño propuso un proyecto de ley para regular esta práctica, sin embargo resultó siendo inefectivo porque carecía de sanciones aplicables y terminó guardado en el archivo de la Asamblea Legislativa.

Pero el problema sigue ahí y no se buscan soluciones definitivas. La Municipalidad de San José montó operativo un día para erradicar a los cuidacarros en las Fiestas de Zapote, pero el resto del año y en el resto de lugares de la capital, los informales son los amos y dueños de los espacios públicos. Y ni hablar del resto de Municipalidades del país donde no se realiza el más mínimo esfuerzo para desterrar esta práctica.

Creo que esta actividad debe ser erradicada definitivamente y que la Fuerza Pública debe sacar de circulación a la mayoría de estas personas, que en muchos casos son delincuentes de "oficio conocido", drogadictos o alcohólicos, que extorsionan a sus víctimas.

Pero tomando en cuenta que esto es prácticamente imposible, porque en este país impera la cultura del pobrecito y las autoridades municipales y la policía no se amarran los pantalones como debe ser (ejemplo, los vendedores ambulantes); la otra posibilidad es que sean las mismas Municipalidades las que regulen la actividad, tomando en cuenta que también existen cuidacarros que la pulsean, son honrados y hacen su trabajo. 

¿Cómo regularlo? La Ley de Servicios de Seguridad Privada establece un mecanismo, pero haciendo conciencia, es algo complicado para los cuidacarros hacer todo el trámite como si fueran guardas de seguridad armados, además que sería recargar en el Ministerio de Seguridad Pública un trabajo que debería ser competencia municipal.

El cuidacarros solicita un permiso formal en la Municipalidad respectiva, cumpliendo una serie de requisitos sensatos, en la cual se establece que el cobro no puede ser obligatorio, ni por anticipado y debe ser establecido por la Municipalidad una vez al año, para empezar puede ser por 500 colones. Para registrarse debe presentar hoja de delincuencia limpia, pagar la confección de un carnet emitido por la Municipalidad y un uniforme que debe ser igual para todos los cuidacarros según el cantón donde ejerzan su actividad.  Los inspectores o policía municipal velarán que los cuidacarros en las vías sean los autorizados. Algo así se propuso en Uruguay.

Las quejas contra los cuidacarros se tramitarán en la Municipalidad respectiva, la cual podrá revocar el permiso al infractor y dárselo a otra persona, de todos modos sobrarán las solicitudes. Los cuidacarros que no estén a derecho y sean sorprendidos adueñándose de espacios públicos, deberán pagar una multa a la Municipalidad respectiva, si son reincidentes deben ser denunciados por la Municipalidad a los Tribunales  y la Fuerza Pública estará en obligación de removerlos. También debe incorporarse alguna sanción específica en el Código Penal contra los reincidentes.

Si bien es cierto, esto no resuelve en definitiva el problema, al menos se eliminan los cobros excesivos, los que ejerzan la actividad no podrán hacerla bajo el efecto de drogas o licor y se elimina el alquiler de espacios de un cuidacarros a otro.

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